LA CUARENTENA OBLIGATORIA ¿SOLUCIÓN VIABLE PARA
TODOS LOS ESTADOS?
Por Mansilla David
Hace unos meses atrás, el mundo dio un giro inesperado, las
grandes potencias, que hasta el momento
se presentaban como omnipotentes, capaces de un gran despliegue armamentístico
y tecnológico, vieron como sus recursos quedaban limitados ante el avance del
COVID 19 en sus ciudades, y como aquella omnipotencia de la cual se auto jactaban realmente no existía.
De nada sirvieron los grandes ejércitos, las inmensas inversiones en
armamentos, ni la planificación logística cuando el enemigo era invisible, tan
minúsculo, y su población seguía muriendo en las calles, casas, plazas y
hospitales de sus pueblos y ciudades (exceptuando intervenciones excepcionales
como en el caso de la ciudad de Nueva York donde el despliegue de las fuerzas
armadas freno en parte la transmisión del virus).
los líderes mundiales se vieron obligados a tomar
decisiones para dirigir sus respectivas
naciones según los distintos intereses que primaban en ellas, y así como un
gran porcentaje, es decir, un 90%, opto
por el aislamiento social, preventivo y obligatorio, como medida sanitaria, movidos
por otros enfoques y perspectivas acerca
de la situación, muchos otros decidieron seguir rumbos distintos de aquel que
imperaba entre las principales potencias mundiales, es decir, el Reino Unido,
China, Alemania, Estados Unidos, entre otros.
Distintos fueron los objetivos y enfoques que los gobiernos
de diversas naciones decidieron priorizar así como las causas que impulsaron el
rechazo de la posibilidad de una cuarentena obligatoria. Ejemplos como el Brasil de Bolsonaro, Suecia,
o el propio Japón han sido vistos por
las demás naciones como modelos alternativos de respuesta para una misma
situación ante la cual el resto del mundo respondía igual.
¿Qué llevo a estas naciones a desvincularse de la respuesta
común que dieron la mayoría de los
países, desafiando la opinión pública y política a nivel mundial así como los
diversos protocolos existentes? Las respuestas son diversas denotando la
complejidad del decidir llevar a cabo la
cuarentena en los diferentes estados del globo y poniendo en manifiesto que
esta última no es solamente una cuestión que abarca el campo de la salud, sino
que involucra un gran abanico de aspectos. ¿En que sustentaron estas
decisiones?
Veamos el caso de Japón:
Con el virus circulando en Japón, un país con 126 millones
de personas, lo más lógico hubiese sido establecer una cuarentena extrema e
implementar testeos masivos para contener los contagios. Pero no. Japón nunca
estableció esas estrategias para luchar contra el coronavirus. Implementó otras
que le dieron resultado
Teniendo 3 veces más población que Argentina,
concentrada en un espacio menor y
estando expuesto en la primera oleada de contagios, se esperaba que los números
de infectados asciendan en gran cantidad, pero al día de hoy estos rondan
cantidades de alrededor de 90 mil contagios y solo 1000 muertes (números
redondeados)
¿En qué se justifica la decisión de los gobernantes del país
asiático para no llevar a cabo la cuarentena obligatoria de la misma manera que
la gran mayoría del resto de mundo?
Uno de los argumentos que pueden responder a esto es que en
Japón el distanciamiento social, incluso
antes del brote de coronavirus, ya estaba bastante arraigado en su cultura,
hecho que se refleja, por ejemplo, en el rechazo de los abrazos por parte de
estos así como otras formas de contacto físico.
Los japoneses, además, son bastante conscientes de la higiene, mucho
más que en otros lugares. Además, muchas personas usan mascarillas en las
calles por razones culturales que van
desde múltiples desastres nucleares como fue el de Fukushima en 2011, el lanzamiento de las bombas nucleares durante
la segunda guerra mundial en Hiroshima y Nagasaki, la alta tasa demográfica con
la posibilidad mayor de contagiarse una enfermedad, entre otras, por lo que hay
menos posibilidades de transmisión.
No es de olvidar tampoco, la relación entre el pueblo y el
gobierno que prima en esta sociedad. Mientras que en la mayoría de las
naciones, se tuvo que imponer las medidas por medio de la cohesión así como por
el miedo, los japoneses tienen una larga historia de colaboración con sus
gobiernos en las medidas que estos han implementado, lo que permitió a sus
dirigentes confiar en el autocontrol de la población en lo referido al propio
distanciamiento y la aplicación propia de medidas sanitarias.
Por último, a diferencia de los países del tercer mundo,
cuentan con un robusto sistema sanitario, situado entre los mejores, con el
cual se ha logrado dar la atención adecuada a los pacientes. Según datos del
Banco Mundial, Japón tiene alrededor de 13 camas de hospital por cada 1.000
personas, más del triple que la tasa de Italia y mucho más que lo que tienen
países de América Latina.
Podría afirmarse que la consideración de estos elementos, más
allá de las intenciones partidistas, habrá llevado a la clase dirigente al actuar
que tuvo frente al paradigma al que nos enfrentamos de manera alternativa al
resto de las potencias, es decir, sin
llegar a decretar la cuarentena
obligatoria.
Suecia:
Similar a la propuesta de Japón fue la implementada por el
país nórdico En un continente rodeado de países que decidieron implementar la
cuarentena obligatoria, Suecia se presentó como
una alternativa en la cual, a pesar de seguir el modelo japonés al no
optar por el aislamiento, los intereses y consideraciones culturales son diferentes.
Siendo Suecia
caracterizado por su liberalismo ideológico así como por su protección
de la economía, el llevar a cabo la
cuarentena, implicaba varias consideraciones que influyeron en la tome de decisiones
de sus dirigentes .En contraposición con los países que prohíben a la población
salir a la calle hasta para tomar aire, la nación nórdica tomó medidas menos
restrictivas y apela a la responsabilidad individual de sus ciudadanos.
¿Por qué el país nórdico no impone medidas de confinamiento
como el resto de europeos? Las autoridades suecas rechazan órdenes drásticas
que consideran demasiado inefectivas para poder justificar su impacto en la
sociedad. Insisten en que su plan es sostenible en el largo plazo.
Las encuestas reflejan que muchos suecos continúan apoyando
la postura de su Gobierno de no decretar una cuarentena obligatoria sino
confiar en la responsabilidad de cada ciudadano, lo que es reflejo del liberalismo previamente mencionado en
relación a la mentalidad de los propios, caracterizados fundamentalmente por una serie de medidas
políticas orientadas a esto, así como de
la buena relación del pueblo con sus dirigentes que permiten cimentar una confianza mutua tanto en la dirigencia como
en el accionar ciudadano.
Por otro lado, cabe
resaltar, otro aspecto que se estaba ignorando en el ejemplo del país
anterior, y esto es el valor por la vida
en Suecia. No es menor tampoco para poder entender esta decisión política la valoración de esto en esta sociedad. Ante
una respuesta que parece primar las libertades individuales, puede esconderse
también el nulo aprecio por la vida propia de la población,
a nivel personal, me inclino a
considerar esto como un elemento más de peso a tener en cuenta para
poder construir un enfoque mayor sobre el porqué el recibimiento de esta
decisión de manera tan a la ligera. Veamos algunos datos:
El número de suicidios en 2017 en Suecia creció en 65
personas, hasta los 1.208 suicidios, así pues en Suecia se suicidan de medias 3
personas cada día.
Esta cifra supone que la tasa de suicidios en Suecia es de
11,96 por cada 100.000 habitantes, por encima de la media de suicidios a nivel
mundial, que es de 9,46 por cada 100.000 habitantes.
Podemos darnos cuenta de la entidad del problema al comparar
el número de suicidios con el de asesinatos. En 2017 hubo 113 asesinatos en
Suecia, así pues en Suecia el número de suicidios es muy superior al de
asesinatos, hasta el punto de que por cada persona asesinada se suicidaron 10,7
personas.
No es menor para considerar
este hecho que puede relacionarse con la apreciación de la decisión de
la clase dirigente de las medidas empleadas, que más que un amor por la
libertad, puede demostrar una
insensibilidad hacia la vida propia y el cuidado de esta.
Sea como fuere, este
constituye otro de los ejemplos de opciones
alternativas a la cuarentena
obligatoria seguida por la mayoría de los países del mundo en la cual parece ser que las
características culturales propias terminaron por encarrillar la dirección de estas naciones de
manera diferente a las esperadas.
Finalmente veremos el caso de Brasil:
Siendo uno de los Países con Mayor cantidad de población del
mundo, Brasil es el último ejemplo que citare aquí de nación que decidió no llevar
a cabo la cuarentena.
Desde el comienzo de la pandemia en Brasil, el presidente
Jair Bolsonaro ha ignorado abiertamente las reglas de distanciamiento social,
alentando, participando e incluso causando aglomeraciones. La postura del
presidente no contribuyó a fomentar el aislamiento social de la población
brasileña quien podría haberla llevado a
cabo de manera individual por consideración de su propia salud, pero al ver a
sus líderes en medio de ellos, deslegitimando los protocolos existentes, causo
como resultado el desdeñamiento de estos.
Si bien, las decisiones de los políticos de turno fueron las
que condujeron a que no se optara por el decreto de los protocolos, hay que
recordar que los dirigentes en el poder son reflejo de la mentalidad de la
población, y esto se puede apreciar, por ejemplo, en el propio ascenso del régimen nacional
socialista en Alemania en su momento, donde sin el apoyo de esta habría
resultado prácticamente imposible.
¿Qué motiva a los brasileros a desacreditar la cuarentena?
Esto puede entenderse fundamentalmente en su historia política y la relación
del pueblo con esta.
Brasil es un país que previamente al gobierno actual, se
encontraba dentro de los países que desacreditaba mayoritariamente a la política
y a los medios de comunicación debido a que se argumentaba que estaban impregnados
de intereses ajenos al bienestar del pueblo. Los datos recopilados por la
Corporación “Latinobarómetro” para el año 2018 muestran que Brasil se había
convertido para ese entonces en el país sudamericano en el que existía un menor
porcentaje de entrevistados que declaraban que la democracia era preferible a
cualquier otra forma de gobierno (con 38%)
Los datos anteriores se explican en gran medida por la baja
satisfacción que muestran los brasileños con el funcionamiento de sus
instituciones. En 2018, sólo 9% de los entrevistados se declaraba “muy
satisfecho” o “más bien satisfecho” con la democracia en Brasil; ese porcentaje
era el más bajo de América Latina y se ubicaba muy lejos del promedio regional
de 24%. Al mismo tiempo, 90% de los entrevistados consideraban que el país
estaba gobernado por unos cuantos grupos poderosos para su propio beneficio y
sólo un 7% declaraba que se gobernaba en favor del pueblo. Lo anterior
probablemente explica por qué sólo 6% tenía una visión aprobatoria del accionar
del gobierno (el porcentaje más bajo de la región).Instituciones que son
pilares para el funcionamiento de la democracia, como los partidos políticos o
el Congreso, generaban también un alto grado de desconfianza en los ciudadanos.
Respecto de los primeros, sólo 6% manifestaba tener “mucha” o “algo” de
confianza (el porcentaje más bajo de la región); en cuanto al segundo, dicho
porcentaje llegaba a 12%
Esto dejaba en manifiesto una amplia desconfianza y
descontento con los líderes nacionales y por ende a lo relacionado a lo que se
decía (discursos políticos por ejemplo) debido al argumento de los propios
intereses escondidos tras estos, así como en el propio sistema que regía el
Brasil.
Tras las elecciones generales realizadas en Brasil en 2018,
y a pesar de que se tuvo que recurrir a una segunda instancia, emergía
triunfante con el 55 por ciento de los votos el candidato del partido social liberal Jair Bolsonaro, a
pesar de un discurso plagado de frases misóginas, racistas y homofóbicas que no
obstaculizaron su camino para convertirse en presidente, sino que lo reforzaron
y ampliaron su apoyo. Esta postura extrema no terminó siendo un lastre, sino
que potenció su llegada a un gran porcentaje de brasileños, que vieron en el
entonces candidato a un político transparente que no temía señalar y exhibir
aquello que opinaba. En definitiva, las posturas “políticamente incorrectas”
fueron percibidas por muchos votantes como un signo de autenticidad, que
contraponía a Bolsonaro a la clase política tradicional.
Ante la experiencias previas que mantenían en gran
disconformidad a la población brasilera, la aparición de un líder con el cual
un gran parte de ellos simpatizaban, que decía lo que opinaba,
en quien el pueblo confiaba ,que denunciaba los comunicados de las
organizaciones principales (OMS por ejemplo) como “cortina de humo ante otros intereses” y que afirmaba que la gravedad/
tasa de mortalidad era menor a la
reconocida oficialmente es posible, que hubiese puesto a pensar al pueblo del
Brasil el porqué de hacer caso a aquello recomendado por estos organismos
cuando estos no inspiraban la confianza que si les inspiraba su presidente que
inclusive se podía apreciar en público en numerosas oportunidades
deslegitimando el peligro de la enfermedad y desvirtuando los protocolos
existentes. ¿Qué intereses ocultos podría tener su presidente si siempre dijo
aquello le parecía correcto y que actuaba según esto?
Si a esto le sumamos la realidad de que a la gran mayoría, a
pesar de la necesidad sanitaria, no encuentra agradable el tener que realizar
la cuarentena debido a que irrumpe con
la forma de vida preexistente a
la pandemia, es decir, con la “normalidad”, la presencia de un presidente que
va en contra de ella, que dice lo que el pueblo quiere escuchar pero con la confianza
que les inspira, puede generar el contexto
perfecto para que esta no sea aplicada.
A su vez, esta “normalidad” que
se busca mantener, refleja una cultura que es proclive a las celebraciones
culturales que implican aglomeración,
al contacto físico, a la vida en comunidad así como también a los deportes grupales, lo
que puede apreciarse en sus principales
celebraciones, como los carnavales o las fiestas juninas (segunda celebración
más popular en Brasil), en la forma en que se pasa el tiempo (mayoritariamente en las playas o en las salidas nocturnas), a los deportes más
practicados, entre ellos el futbol y el baloncesto, entre otros ejemplos, siempre implicando el contacto con otros
miembros de la comunidad, lo que va directamente con lo recomendado por la OMS
.
En síntesis:
Muchos han sido los escenarios planteados por la
pandemia. En mayor o menor medida, todas
las naciones, y con ello las situaciones
particulares se han visto afectadas por el nuevo contexto, lo que ha variado en
ello ha sido la respuesta que los
dirigentes han dado. Movidos por intereses partidistas, así como por características culturales de sus propios países que le permitieron
decantarse por alternativas a la cuarentena obligatoria, queda esperar ver el
resultado de estos experimentos sociales
llevados a cabo con las vidas del pueblo y
que solamente tras terminar esto tiempos y evaluar su resultado a la larga se podrá ver
la efectividad de estos modelos.

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