Un virus, gestado a fines del 2019, mandó a maestros, directivos y alumnos a sus casas, a nuestras casas. Se califica a este acontecimiento como la mayor migración de la historia, una migración de las aulas físicas a las aulas virtuales, al que muchos dicen que adelanta el “fin” de la escuela.
Pero, hay que plantearnos ciertos interrogantes.
En este contexto, pareciera necesario volver formular esta pregunta: ¿Qué hace a una escuela, una escuela?
La escuela es el espacio institucional donde personas
capacitadas transmiten conocimientos, información, valores a niños,
adolescentes y/o adultos, en sus distintos niveles: inicial-primario-secundario-terciario.
Es donde se enseña y se aprende, en un proceso donde los saberes van y vienen, adultos comparten sus conocimientos y la parte que aprende también aportan los suyos.
Sin embargo, sabemos que es mucho más que esto.
Partamos que no existe “una” escuela, sino múltiples escuelas. La educación
ocurre tanto en las grandes zonas urbanas como en las pequeñas zonas rurales.
Estas instituciones funcionan de acuerdo los entornos sociales y culturales que
las atraviesan. La red de escuelas es tan compleja y variada, como compleja y
variada es la sociedad que asiste a ellas.
La vida en la escuela siempre está respondiendo al proceso activo, creativo
vinculado con el carácter cambiante del orden cultural, entonces frente a esto
no resulta sencillo establecer un único modo de hacer escuela.
¿Qué decir de las necesidades de las poblaciones a las que atiende?
La escuela es también el lugar de trabajo de los docentes, y podes pensar más allá también de la docencia; también es el lugar de trabajo de directivos, porteros, secretarios. Es el espacio de encuentros entre sujetos que interactúan y aprenden a convivir personas con diversos conocimientos y formas de conocer, experiencias diferentes y trayectorias.
Se enseña a interpretar el mundo, despertar intereses con los distintos saberes que fueron seleccionados para ser trabajado en un diálogo entre generaciones.
Estos vínculos son difíciles de sustituir, más en la manera que nos tocó. Un día estaban comenzando las clases, pero a la semana se anunció el inicio de una cuarentena, que hasta el momento parece no querer terminar.
¿Y las clases?
La clase es el dispositivo que hegemonizó la idea que tenemos de cómo se transmite un saber.
El salón es aquel pequeño lugar donde tiene lugar el aprendizaje guiados por un docente.
Preparar una clase requiere de tiempo, dedicación; es uno de los actos de mayor investigación que se puede realizar.
Dar clases es crear lazos.
Además intervienen otros factores, como el de la posibilidades de conexión, el contar con una computadora o elemento tecnológico que te permita acceder a las clases.
Además intervienen otros factores, como el de la posibilidades de conexión, el contar con una computadora o elemento tecnológico que te permita acceder a las clases.
Preguntar al otro y generar duda, plantear buenas preguntas, enseñar a pensar contra nuestras certezas y "verdades".
Ante las pantallas, el desafío es dejar a un lado la obsesión por tareas y calificaciones para orientar el esfuerzo en construir un vínculo en torno a aprendizajes que valen la pena.
La historia de la escuela es la historia de crisis y revanchas, de victorias e impugnaciones. El desarrollo histórico de la escuela ha sido largo y nada hace creer que vaya a desaparecer pronto.
Defender la escuela es defender una de las vigas estructurales del proyecto democrático: la garantía del derecho a la educación.
Agustina Radollovich.
Profesorado de Historia.
Fuente: Libro, Alerta global - Políticas, movimientos sociales y
futuros en disputa en tiempos de pandemia // Segunda parte Múltiples crisis y solidaridades en un mundo
desigual // Reivindicar el lugar de la escuela en un contexto de
pandemia
